Niño Payaso

Caminaba el niño payaso entre altos, gordos y vanidosos. Se cruzaba con intelectuales poetas frustrados y con amantes de la economía almorzando ironías en las mesas del bar de las desesperanzas.

Un niño payaso andaba suelto en la ciudad perdida. Le temían y no lo miraban. Solo lleva en su mochila un lápiz y algunas hojas de papel.

Su voz no se oía en las conciencias mezquinas. Sin fortuna a todos pedía su atención y alguien lo vio. Aquella persona le dio un billete como limosna, sin palabras, pidiendo nada a cambio.

El niño se sentó en la acera, tomando el lápiz y un papel de su mochila, le escribió con claridad:

“Te quiero. Si tendría voz te lo diría”.

@Aristides U. Palacios

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