El linyera y el gorrión

Una mañana oí de pasada el dolor en unas lágrimas.

Entre harapos un hombre expresaba con un llanto un lamento tan natural como el agua que corre. Me rescataba de la inconsciencia colectiva.

Encunaba en sus manos tiernamente el ya sin vida cuerpo de un gorrión solitario. Lo había recogido en un vertedero urbano, ahí, donde asiduamente lo encuentra el hambre por las mañanas y lo ciega habitualmente la desesperanza tan humana.

Murmuraba en un quebradizo susurro “¡Por qué te han tirado como basura!”, mientras cruzaba la calle sin mirar. Tal vez nada importaba en su amargor.

Buscaba entre las sobras qué comer y se encontró a sí mismo sin alma.

Solitario en el vertedero, lejos de todo lo que creemos que es amor, aquella mañana se acunó un linyera en las manos de Dios.

@Aristides U. Palacios

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