Callejero

Como los cansados días voy sangrando mi fortuna, ni un duro en el agujero de mi bolsillo, ni un momento para otro egoísmo.

Como los dados de Claudio que rebotaban en el tablero al azar, mis pasos en la ciudad iban a tal suerte, pero sin uno ni seis al frente.

Me salvan del acoso de mi sombra los reflejos que atrapan mis pupilas derramadas y cansadas.

Acepto las realidades para salir empatado, certificado por el árbitro oscuro que pita el final del desencuentro moral.

Pasa así todo por todos lados, pero al dormir mi día, un ángel lame las heridas de mi costado.

Imagen de PIRO4D en Pixabay

@Aristides U. Palacios

Compartirlo desde aquí:

Los comentarios están cerrados.